sábado, 23 de enero de 2010

No puede ser sano para mi corazoncito, desde luego que no, tanto sobresalto, me mira y se me sube a la boca, me mira fijamente y brinca, se ríe conmigo, o de mí, y late desbocado, me toca, y... triple salto mortal con tirabuzón...

Mejor no cuento lo que pasa si se quita la camisa delante de mí...

No, sano no es. Desde luego. Aún así es un vicio que he adquirido que no me da la gana quitarme. No sé si soy adicta a la adrenalina, a la serotonina, a la dopamina, a la oxintocina, o a los ojos verdes... a ver cuando hay suerte y la adicción es a la prolactina.

Y después de todo, volver al mundo real, o al habitual, donde todo esto es si no clandestino sí confidencial, dónde se responde con un sí o un no a las preguntas más directas, y dónde se desvían las conversaciones para no tener que tocar temas de los que no sabré como salir. Y a esperar la próxima que, a buen seguro, después de los últimos e intensos días, se hará esperar.

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